10/12/09

No puedo entender a toda esa gente que se toma tan en serio, tiene opiniones sobre absolutamente todo y siente la necesidad de que el mundo entero lo sepa. Llevo una vida simple, no me gustan los alborotos ni las muchedumbres, el gentío me asquea, me aísla. Sus vidas sociales y eventos, juntas a desayunar o almorzar, a ir de compras, a comer a algún lugar, a un bar o a bailar, a un concierto o al cine. No me los puedo tragar, no soporto al mundo y sus maneras. No estoy dispuesta a tranzar mi soledad. Me enfrento a cada mañana con los ojos abiertos, soñando. No quiero salir de ahí. Quiero quedarme para siempre enfrentando calamidades con finales felices, o inciertos, lo que sea, pero nada real, nada que pueda hacerme daño de verdad. No estoy perdido, he buscado un rato pero me he aburrido, no puedo encontrar mi camino. Soy consciente de que mi incierto futuro no es mi destino y, sin embargo, ahí voy. Si te vas me las arreglaré cómo sea, sabes que no necesito mucho, que no quiero demasiado, sabes que soy un experto en arreglármelas, dejarme llevar por la corriente, nadar en contra sólo cuando es necesario, o simplemente olvidar que necesito lo que sea que necesite y no pueda obtener. Quédate. No te vayas. Y si llegas mientras duermo, no me despiertes. Quítate las zapatillas, los calcetines, los pantalones y el polerón, y métete en la cama conmigo. Abrázame. Sé muy bien que las mías no son virtudes, si no excusas, pero te amo. En mi mundo existimos sólo tú y yo y nuestros gatos.

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