¿Quién, si yo clamara, entre las cohortes de los ángeles
Me oiría?
Y aún cuando uno de ellos, de pronto, me estrechara contra su corazón,
¿no me desvanecería bajo su existencia poderosa?
Porque lo bello no es nada
más que el comienzo de lo terrible,
que apenas conseguimos soportar,
y lo admiramos tanto porque, serenamente, desdeña destruirnos.
Todo ángel es terrible. Así pues, me contengo
Y ahogo el clamor de mi oscuro sollozo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario